sexta-feira, 15 de janeiro de 2016


Não é apenas a heresia que ofende a fé católica


Eis um interessante texto de Roberto de Mattei baseado numa entrevista do cardeal Muller, Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé, acerca do tratamento dos graves problemas que a Igreja vive e das críticas de católicos por todo o mundo, nomeadamente a certos membros da hierarquia e até a Bergoglio. Embora se trate de uma declaração institucional, com as reservas que lhe são próprias, procurando evitar a condenação extrema dos detractores da doutrina cristã, tanto a entrevista do cardeal com o texto de Mattei são claros quanto ao desejo de preservar a ortodoxia da doutrina. Esperemos que Mattei e o cardeal, no concreto, não estejam intimamente a ser optimistas ao qualificarem os desviados de não hereges propriamente ditos...

Fazendo um enquadramento desses graves desvios não necessariamente na categoria de heresia, o texto não deixa no entanto de assinalar que podem existir hereges simplesmente camuflados de ortodoxos errados ou heterodoxos, para assim poderem agir dentro da Igreja — facilidade manipuladora que perderiam se se declarassem abertamente hereges. São aqueles que, por regra, vão dando na ferradura e, calculisticamente, de vez em quando, dão uma no cravo para segurar o rebanho no seu redil.

No fim de contas, estaremos simplesmente perante uma grande quantidade de pessoas da hierarquia da Igreja, incluindo ao mais alto nível, a cometer erros graves? Ou perante heréticos com uma estratégia de destruição pelo interior? Afinal teremos um centro de heréticos camuflados, dizendo-se ortodoxos, com a estratégia da destruição passo-a-passo, e utilizando os seus mais próximos, os simplesmente errados?

Eis a questão. Eis a dúvida que surge nos nossos espíritos a partir do que ouvimos de certos padres, confrontado com os documentos citados da Igreja e agora com as palavras do próprio Prefeito da Congregação para a Doutrina da Fé.

Às tantas, vindo o «apenas erro» de pessoas tão sabedoras de teologia e tão importantes na hierarquia, para sabermos onde acaba o desvio da doutrina e começa a heresia, teríamos de nos socorrer de um herejómetro...

Em qualquer caso, sabemos que a omni-condescendência em relação ao erro conduz infalivelmente à destruição. Em qualquer lugar.


Heduíno Gomes



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Não é apenas a heresia que ofende a Fé Católica


Roberto de Mattei

En una larga entrevista publicada el 30 de diciembre pasado en el semanario alemán Die Zeit, el  cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, plantea una cuestión de palpitante actualidad.

Cuando la entrevistadora pregunta al Prefecto qué piensa de los católicos que atacan al Papa calificándolo de hereje, responde: «Tengo que disentir, y no sólo por mi cargo, sino por convicción personal. Según la definición teológica, hereje es el católico que niega obstinadamente una verdad revelada que, como tal, la Iglesia exige creer. Otra cosa muy diferente es que quienes están oficialmente encargados de enseñar la fe se expliquen a veces de un modo desafortunado, capcioso o vago. El magisterio del Papa y de los obispos no es superior a la Palabra de Dios, pero está a su servicio. (…) Por otra parte, los pronunciamientos pontificios tienen un carácter vinculante que puede ser muy variado, desde una decisión definitiva pronunciada ex cathedra hasta una homilía que sirve por el contrario para la profundización espiritual».


Hoy en día se tiende a caer en una simplista dicotomía entre herejía y ortodoxia. Las palabras de monseñor Müller nos recuerdan que entre el blanco (la plena ortodoxia) y el negro (una herejía declarada) hay una zona gris que los teólogos han explorado con precisión. Hay proposiciones doctrinales que, sin llegar a ser explícitamente heréticas, están condenadas por la Iglesia con una calificación teológica proporcional a la gravedad y a la medida en que se aleje de la doctrina católica. La oposición entre verdad presenta de hecho diversos grados, según sea directa o indirecta, inmediata o remota, abierta o disimulada, y así sucesivamente. Las censuras teológicas (no confundir con las las censuras o penas eclesiásticas) expresan, como explica en su clásico estudio el padre Sisto Cartechini, el juicio negativo de la Iglesia sobre una expresión, una opinión o una doctrina teológica en su totalidad (Dall’opinione al domma. Valore delle note teologiche, Edizioni La Civiltà Cattolica, Roma 1953).

Dicho juicio puede ser privado, si lo formula un teólogo por cuenta propia, o público y oficial, si lo emite la autoridad eclesiástica. El diccionario de teología dogmática del cardenal Pietro Parente y monseñor Antonio Piolanti resume la doctrina con estas palabras: «Las fórmulas de censura pueden ser muy variadas dentro de una gradación que va de un mínimo a un máximo. Se pueden clasificar en tres categorías.

«Primera categoría: con respecto al contenido doctrinal, una proposición de puede clasificar de: a) herética, si se opone abiertamente a una verdad de fe definida como tal por la Iglesia; dependiendo de su mayor o menor oposición puede clasificarse como próxima a la herejía, que sabe a herejía; b) errónea según la fe, si se opone a una conclusión teológica grave, que deriva de una verdad revelada y de un principio de razón; si se opone a una simple sentencia común entre los teólogos, la proposición se censura como temeraria.

«Segunda categoría: con respecto a algún vicio de forma, por lo cual la proposición se juzga equívoca, dudosa, capciosa, sospechosa, malsonante, etc., aunque no contradiga verdad de fe alguna desde el punto de vista doctrinal.

«Tercera categoría: con respecto a los efectos que puede tener según las circunstancias particulares de tiempo y de lugar, aunque no sea errónea en el contenido ni en la forma. En tal caso, la proposición es censurada como perversa, viciosa, escandalosa, peligrosa, que puede engañar a los sencillos» (Dizionario di teologia dogmatica,Studium, Roma 1943, pp. 45-46).

En todos estos casos, la verdad católica carece de integridad doctrinal o se expresa de modo imperfecto e impropio. Esta precisión para calificar los errores se desarrolló ante todo entre los siglos XVII y XVIII, cuando la Iglesia tuvo que afrontar la primera herejía que se esforzó por mantenerse interna: el jansenismo. La estrategia de los jansenistas, como también más tarde la de los modernistas, consistía en proclamar constantemente su plena ortodoxia a pesar de las reiteradas condenas. A fin de evitar la acusación de herejía, se las ingeniaron para encontrar fórmulas de fe y de moral ambiguas y equívocas que se opusieran de frente a la fe católica y le permitieran permanecer en la Iglesia. Con igual precisión y determinación, los teólogos ortodoxos clasificaron los errores jansenistas según sus características particulares.

El papa Clemente XI, en la bula Unigenitus Dei Filius del 8 de septiembre de 1713, censuró 101 proposiciones del libro Réflexions morales del teólogo jansenista Pascasio Quesnel, entre otras con las calificaciones de «falsas, capciosas, malsonantes, ofensivas a los piadosos oídos, escandalosas, perniciosas, temerarias, injuriosas a la Iglesia y a su práctica, y que saben a herejía misma, que además favorecen a los herejes y a las herejías y también al cisma, erróneas y próximas a la herejía» (Denz.- 1451).

En la bula Auctorem fidei del 28 de agosto de 1794, Pío VI condenó a su vez ochenta y cinco proposiciones tomadas de las actas del sínodo jansenista de Pistoya (1786). Algunas de dichas proposiciones sinodales son calificadas expresamente de heréticas, pero otras se definen, según los casos como cismáticas, sospechosas de herejía, favorecedoras de los herejes, falsas, erróneas, perniciosas, escandalosas, temerarias o injuriosas a la costumbre de la Iglesia (Denz.H, nº 1501-1599). Cada uno de estos términos tiene un significado particular. Por ejemplo, la proposición en la que el sínodo declara «estar persuadido de que el obispo recibió de Cristo todos los derechos necesarios para el buen régimen de su diócesis», independientemente del Papa y de los concilios (nº 6), es «errónea» e «inductiva al cisma y subversión del régimen jerárquico»; la que rechaza el limbo (nº 26), es considerada «falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas»; la prescripción que veda se pongan sobre los altares relicarios o flores (nº 32) es «temeraria e injuriosa a la piadosa y aprobada costumbre de la Iglesia»; la que propone el regreso a los rudimentos antiguos de la liturgia, «volviéndola a mayor sencillez de los ritos, exponiéndola en lengua vulgar y pronunciándola en voz alta»(nº 33), es definida como «temeraria, ofensiva de los piadosos oídos, injuriosa contra la Iglesia y favorecedora de las injurias de los herejes contra ella».

Un análisis de la Relatio final del Sínodo de los Obispos de 2015 realizado según los principios de la teología y la moral católicas, no puede menos que encontrar graves lagunas en el mencionado documento. A muchas de sus proposiciones se les podría dar la calificación de malsonantes, erróneas y otras por el estilo, pero de ninguna se podría decir que es formalmente herética.

En fecha más reciente, el 6 de enero de este año, se ha difundido en todas las redes sociales del mundo un videomensaje del papa Francisco (véase aquí) dedicado al dialogo interreligioso, en el que católicos, budistas, judíos y musulmanes parecen estar situados en un mismo plano, como «hijos de (un mismo) Dios» que cada uno encuentra en su propia religión, en nombre de una común profesión de fe en el amor. Las palabras de Francisco, combinadas con las de los otros protagonistas del video y sobre todo con las imágenes, transmiten un mensaje sincretista que contradice, al menos de forma indirecta, la doctrina de la unicidad e universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, reiteradas en la encíclica Mortalium animos de Pío XI (1928) y en la declaración Dominus Jesu, del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fede Joseph Ratzinger (6 de agosto de 2000).

Si queremos aplicar, como simples católicos bautizados, las censuras teológicas de la Iglesia a ese video, habremos de definirlo de la siguiente manera: inductivo a la herejía en razón del contenido; equívoco y capcioso por lo que respecta a la forma; escandaloso por lo que respecta a sus efectos en las almas. El juicio público y oficial compete a las autoridades eclesiásticas, y nadie mejor que el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene atribuciones para expresarse en este sentido. Muchos católicos desconcertados lo piden a voces.





quinta-feira, 14 de janeiro de 2016


De que género é o teu sexo?


P. Miguel Almeida, sj, Observador, 9 de Janeiro de 2016

Nem tudo o que somos é socialmente construído ou exclusivamente biológico. Mas negar que a biologia é a base daquilo que somos é negar a realidade.

A propósito dos presentes de Natal, discutiu-se sobre se à feminilidade ou masculinidade das crianças ajuda ou desajuda dar camiões ao menino e bonecas à menina. Se se deve vestir o filho de azul – ainda que turquesa – e a filha de cor-de-rosa, ou se esta é uma atitude ofensiva e provoca distúrbios psicológicos imperdoáveis.

Até há relativamente pouco tempo, em linguagem comum, as pessoas tinham sexo e as coisas tinham género. A palavra género era usada para categorizar gramaticalmente nomes, adjectivos, artigos e pronomes. Num artigo de Ana García-Mina Freire (La categoría «género»: historia de una necesidad), encontrei alguns dados históricos interessantes que uso para este meu escrito.

A meados do século passado, John Money, deparando-se com diversos casos de hermafroditismo, sentiu a necessidade de empregar um termo complementar a sexo. O médico encontrara vários rapazes que foram criados como raparigas devido a um síndrome feminizante testicular e diversas raparigas criadas como rapazes por sofrerem de síndrome andrenogenital. Devido a estas malformações congénitas dos órgãos sexuais e ao consequente desenvolvimento de uma identidade construída sobre uma biologia que a contradizia, a palavra sexo mostrava-se insuficiente para qualificar estas pessoas.

Money adoptou, então, a palavra género. Sexo referir-se-ia aos componentes biológicos que determinam se uma pessoa é homem ou mulher, e género aludiria aos aspectos psicológicos e culturais que constituem as definições sociais das categorias mulher e homem.

Do restrito âmbito das ciências biomédicas, o termo género deu um rapidíssimo salto para as ciências sociais, graças ao movimento feminista, e tornou-se uma das opções epistemológicas mais relevantes para referenciar a relação entre homens e mulheres. Na IV Conferência Mundial sobre as Mulheres (ONU), o género respeita «à forma como todas as sociedades do mundo determinam as funções, atitudes, valores e relações que concernem ao homem e à mulher, enquanto o sexo se refere aos aspectos biológicos que derivam das diferenças sexuais. Portanto, o sexo de uma pessoa é determinado pela natureza, mas o seu género é elaborado pela sociedade e tem claras repercussões políticas».

O sexo é um dos critérios fundamentais na organização e compreensão da interacção social. Cada sociedade desenvolve modelos normativos que prescreve a cada sexo. Daí que a construção da nossa identidade seja influenciada pelos modelos normativos da sociedade à qual pertencemos.

Mas, em princípio, reconhecemos que um homem é homem e uma mulher é mulher porque o seu corpo e o seu organismo os distinguem como tal. Todos sabemos que há casos de androginia e transexualidade. E os que não vivemos esta experiência na primeira pessoa, apenas podemos vislumbrar e intuir o possível sofrimento de quem a vive. Mas as excepções tratam-se como excepções. Deduzir daqui a geral – e até saudável – absoluta separação entre os conceitos de sexo e de género é absurdo. Porque, embora a Conferência sobre as Mulheres acima citada afirme que «o sexo é determinado pela natureza» e «o género é elaborado pela sociedade», há já quem ideologicamente considere que até essa é uma interpretação conservadora. Porque, como sabemos, já é possível «escolher» ou «mudar de sexo». Ora, se elaboramos o género e escolhemos sexo, tornámo-nos criadores de nós mesmos!

Ser mãe é diferente de ser pai. A mãe pode dar de mamar ao filho sem sair do quarto; o pai tem que ir comprar o leite ao supermercado. E esta é uma função social que decorre directamente do sexo, não do género. Claro que daqui a defender que a mãe é mais apta para mudar as fraldas ao filho só porque é mulher e isso lhe é natural… (e, já agora, que o avental lhe fica a matar e que, como todos sabemos, ninguém faz a cama ou limpa o pó tão bem como as mulheres…) é um salto injusto do sexo para o género que funcionou durante demasiado tempo.

Neste sentido, o conceito de género veio ajudar, e muito, à evolução e ao desenvolvimento ético das sociedades. Faz-nos tomar consciência de que muitas das supostas características femininas ou masculinas não são, afinal, mais do que construções sociais. E dos inúmeros abusos que se lhes escondem por detrás. Quando, numa sociedade que sobrevaloriza o género masculino face ao género feminino, se atinge uma maior igualdade de direitos e oportunidades entre homens e mulheres, essa não é uma vitória apenas das mulheres, mas do ser humano. Mesmo que a devamos agradecer às mulheres.

Manifestar a diferença ao vestir o menino de azul e a menina de cor-de-rosa não é mau. A não ser que essa indumentária transporte consigo todo o imaginário de homem eficaz e eficiente, gestor e executivo de sucesso e, por outro lado, de mulher submissa, caseira para quem não faz sentido uma carreira profissional digna e intelectualmente estimulante.

Como em quase todas as áreas da vida, também aqui os extremos não ajudam. Nem tudo o que somos é socialmente construído ou exclusivamente biológico. Mas negar que a biologia é a base daquilo que somos é negar a realidade. O ser homem ou o ser mulher, só porque se nasceu assim, traz consigo diferentes características e funções sociais que ultrapassam a biologia. E isso é saudável! Até onde se pode e deve ultrapassar, eis a questão.






Pode um pai ser misericordioso

e severo ao mesmo tempo?



Cardeal Müller oferece a resposta

(…)

Ao ser perguntado sobre se é possível ser misericordioso ao corrigir os erros doutrinais, o cardeal respondeu: «Pode um pai ser misericordioso e severo ao mesmo tempo? Na verdade, se um pai não corrige os seus filhos e, ao invés disso, justifica ou minimiza os seus erros, não os amaria ou os enviaria directamente para a destruição».

No fundo, precisou, «um pai que não ajuda os seus filhos a reconhecer os seus erros, não os ama de verdade e não confia na possibilidade de que eles mudem».

«Porque a misericórdia contém em si, de forma indelével e inseparavelmente, o amor e a verdade. Pertence à tradição cristã, das Escrituras até o Magistério dos últimos Papas, que amor e verdade estão juntos: não existe amor sem verdade e não existe verdade autêntica sem amor. E isto acaso não deveria ser válido também para a doutrina?».

A misericórdia, explica o Cardeal, «é o contrário do laissez faire (deixar fazer)… esta não é a atitude de Deus frente ao homem: basta ler os evangelhos e ver como se comportava Jesus, era bom, mas ao mesmo tempo não ocultava a verdade. E a doutrina tem o mesmo objectivo de ajudar-nos a conhecer a verdade, ajuda-nos a aceitá-la na sua integridade e não enganar a verdade».

«A doutrina, para os cristãos, não tem como última referência as ideias (que temos) sobre Deus ou sobre a salvação que nos oferece, mas a vida mesma de Deus e a sua irrupção na vida do homem: é uma ajuda para compreender quem é Deus e o que está em jogo com a salvação que Deus oferece à vida concreta do homem».

Entretanto, «para compreender tudo isto, é necessária uma razão humilde, que não se coloca presunçosamente como a medida de todas as coisas. Infelizmente, o pensamento que surge da modernidade, que nos deixou também uma herança de muitas coisas belas, privou-nos desta humildade». …

O cardeal alemão disse ainda que «a misericórdia por meio da qual Jesus reveste o nosso coração, às vezes com força, outras vezes com doçura, é uma onda de bem e de verdade com a qual nos urge mudar em metade a nossa vida e abrir-nos àqueles que vivem ao nosso lado, fazendo com que se sintam próximos».

«A misericórdia ajuda-nos a conhecer sempre mais aquele Deus que se revela em Jesus e nos revela sempre mais a nós mesmos. E nos ensina a olhar, a amar-nos a nós mesmos e aos outros nessa perspectiva de bem e de verdade através da qual Jesus mesmo nos vê».

Neste sentido, continuou o Prefeito, «para mim, é paradigmático da misericórdia o gesto da confissão sacramental. Cada vez que nos confessamos, nos aproximamos do Senhor com o olhar sobre os nossos pecados e podemos sair aliviados, contagiados pelo seu olhar sobre nós, algo justo e bom ao mesmo tempo, não faz concessões fáceis, mas não nos abandona ante as nossas misérias». … «Espero para a Igreja e para todos nós que sigamos Jesus sempre com mais fidelidade e amor, a fim de não permanecermos prisioneiros das nossas fragilidades e misérias. Assim, poderemos servir sempre melhor os nossos irmãos e irmãs, na Igreja ou fora dela, porque o mundo inteiro necessita de Cristo, precisa ser aliviado e renovado pelo seu amor».

«E porque a misericórdia – concluiu o cardeal alemão – é uma graça que vem do alto e muda a vida, nos recebe como estamos, mas não nos deixa iguais como antes.»





quinta-feira, 7 de janeiro de 2016


«Pobres dos fiéis católicos

que frequentam as Santas Missas

em muitas das nossas igrejas…»


Bispo Dom Antonio Carlos Rossi Keller, de Frederico Westphalen

«Pobres dos fiéis católicos que frequentam as Santas Missas em muitas das nossas igrejas… Submetidos tantas vezes às arbitrariedades de uma pseudo liturgia pautada por distorções, abusos, ridículas inserções de palmas, agitação de folhetos, danças, símbolos e mais símbolos que não simbolizam nada. Quanto abuso! Quanta arbitrariedade! Quanta falta de respeito não só para com Aquele para quem deveria dirigir-se a celebração, mas também para com os pobres fiéis que são obrigados a engolir esdrúxulas situações falsamente chamadas de «inculturação liturgica», mas que na verdade revelam falta de fé ou a ignorância das mais elementares verdades da fé em relação à Eucaristia, à Presença Real e outras. Pobres fiéis guiados por alguns pastores que arrotam slogans fundados num palavreado eivado de conceitos atribuídos ao malfadado «espírito do Concílio» que na verdade, de conciliar nada tem… Tal espírito passa longe daquilo que a Igreja de Cristo é e pretendeu favorecer com a reforma litúrgica. Pobres fiéis, forçados a ter de engolir o que destrói a fé, o que na prática nega a centralidade do Mistério de Cristo, poluindo-o com a tentativa de desfocar este Mistério através da inserção de conceitos ideologizados sobre Deus, o homem, a criação e tantas outras realidades.

A «nobre simplicidade» apregoada pelo Concílio transformou-se em desculpa para um «pobretismo» litúrgico que se expressa em despojamento do elementar, em relaxo, sujeira, desleixo e outros defeitos. Dá-se à Liturgia, portanto a Deus, o que há de pior: no mínimo, o que é de gosto duvidoso. Chegamos ao tempo em que quem obedece às Normas Liturgicas é acusado de rubricista. Ai de quem ousar usar os paramentos prescritos pela legislação litúrgica vigente. No mínimo será caracterizado como «romano», o que na visão de muitos é considerado como uma ofensa. E quem celebrar usando com fidelidade os livros litúrgicos, «dizendo o que está em letras pretas e fazendo o que está em letras vermelhas» será execrado pelos apregoadores do «autêntico espírito do Concílio». Sinceramente, é preciso muita, mas muita fé mesmo para não deixar de acreditar que ‘as portas do inferno não prevalecerão’, como nos ensina Nosso Senhor.»





terça-feira, 5 de janeiro de 2016


Conferência


A Associação Cristóvão Colon apresenta a Conferência

«Colon, dito Colombo
– foi um Português que descobriu a América?»

Organizado pela Junta de Freguesia de Alvalade (Rua Conde de Arnoso, 5-B, Lisboa) no dia 11 de Janeiro às 10h30, e que terá lugar no respectivo auditório.






segunda-feira, 4 de janeiro de 2016


Natal bloqueado


António Justo

O Governo da Somália proibiu que se festeje o Natal. O ministro Sheikh Mohamed Kheyroow deu ordem às forças de segurança para impedirem festas de Natal em todo o país. O ministro anunciou o decreto no dia anterior ao Natal na rádio Mogadishu.

Enquanto a cristandade, na Europa, procura pôr em prática a solidariedade cristã com os muçulmanos abrindo-lhes as portas, os cristãos são descriminados e até perseguidos nos países de religião muçulmana maioritária; Também no BURNEI foi proibido festejar o Natal com o argumento de pôr em risco a «fé dos muçulmanos»!

Nos centros do poder não há coisa mais incómoda e atemorizadora, para os seus detentores, do que um bebé na gruta que inverte a perspectiva de consideração do poder.






Coisas que nunca mudam: as não notícias


Helena Matos, Observador 3 de Janeiro de 2016

As não notícias são tão importantes quanto as notícias. Às vezes ainda mais que as notícias. Porque as não notícias mostram como os jornalistas resistem a desfazer as suas ilusões.

As não notícias sobre a França. Em França, país bem perto de nós, foram incendiados na passagem de ano 804 veículos. Note-se que estes números estão a ser apresentados como positivos pelas autoridades francesas porque na passagem de 2014 para 2015 arderam mais 136 carros. Ou seja 940. Claro que nessa data a França não estava sob medidas de segurança tão severas quanto as actuais (os atentados ao Charlie Hebdo aconteceram dias depois, a 7 de Janeiro de 2015 e só em Novembro tiveram lugar os atentados de Paris) e de modo algum nas ruas daquele país estavam então destacados os mais de 100 mil agentes que integraram o dispositivo de segurança neste final de 2015. Como é possível que se pegue fogo a oito centenas de veículos com mais de 100 mil agentes policiais e militares nas ruas? É um mistério.


Mas convenhamos que é um mistério bem menor que o silêncio que impera nos jornais e televisões da restante Europa sobre o que acontece naquele país. Ou seja como é possível que não tenhamos informação sobre estes incidentes? Ou, para não sairmos ainda da temática dos carros incendiados, como não soubemos das 700 viaturas que arderam no 13 de Julho deste ano? Nem sequer o facto de no dia em que a França comemora a sua festa nacional ter havido também escolas incendiadas fez com que o destaque noticioso fosse maior.

Há momentos em que quero acreditar que tudo se explica pelo facto de hoje não se falar francês e por consequência a França só ser notícia quando sai nos jornais ingleses, de preferência no Guardian. Mas digamos que essa explicação se pode aplicar ao reino do Butão e respectivo lugar no índice de felicidade mas não à França onde a não notícia se tornou uma opção consciente: da França vieram primeiro revoluções e ilusões. Agora, para não comprometer a memória das primeiras e o poder das segundas, não se noticia.

Assim, ao mesmo tempo que assistimos à pilhagem de uma qualquer loja no mais recôndito canto do Ohio, nunca vemos as carcaças queimadas dos automóveis em França. Nem sequer casos como os recentemente ocorridos no final de Dezembro em Ajaccio, capital da Córsega, conseguiram romper este muro de silêncio. Digamos que em Ajaccio tudo começou como de costume: os bombeiros foram chamados ao que se designa como bairro sensível. No caso os Jardins do Imperador. Uma vez lá chegados os bombeiros foram emboscados e agredidos. Nos dias seguintes sucedem-se as manifestações de corsos indignados com o que acontecera nos Jardins do Imperador. Gritam que não querem acabar fechados em casa com medo como acontece nos banlieu do continente. Mas não só. Gritam também palavras de ordem contra os árabes e numa das manifestações rompem a barreira policial e saqueiam um local de culto muçulmano.

Qual foi o destaque noticioso destes gravíssimos incidentes? Digamos que ele passou quase tão discretamente quanto a indicação de que desde Fevereiro de 2015 já se registaram em França 200 incidentes contra militares, sendo que sete desses incidentes foram classificados como muito graves. Aliás, logo no início deste 2016, em Valence, registou-se um desses incidentes: um homem tentou atropelar quatro militares que faziam segurança junto a uma mesquita.

As autoridades, mimetizado a reacção que mantiveram até aos ataques de Novembro em Paris, logo declararam ser o homem em questão um lobo solitário para mais desequilibrado. Apesar de na sua casa ter sido encontrada propaganda jihadista, a pista terrorista não está ser seguida e admite-se que talvez exista «un lien entre son acte et une certaine religiosité»… que é como quem diz uma ligação entre o seu acto e uma certa religiosidade. Qual será a religiosidade em questão?… Como se vê, não é por falta de notícias que a França não está nas notícias. É sim porque se ficou sem narrativa. Quando o próximo sobressalto chegar, lá aparecem as carinhas a chorar mais o facebook às risquinhas e a Torre Eiffel muito fofinha. Sinais exteriores de quem não quis ver, nem ouvir nem saber.

As não notícias sobre a Grécia. Este Inverno deve estar a ser bem cálido em Atenas. Porque neste Inverno já ninguém tem frio na Grécia. Nem fome. Nem sonhos desfeitos. Nem medicamentos inacessíveis… A Grécia morreu para as notícias no dia em que os jornalistas ocidentais deixaram de ver em Tsipras o Che sem espingarda. Já não sabemos se Tsipras vai a Bruxelas, se leva gravata, se a mulher se zangou ou não com ele… Tsipras desapareceu noticiosamente falando em Julho deste ano. No momento em que deixou de ser o rosto da alternativa, do bater do pé, do virar da página da austeridade e de todas as outras categorias do pensamento mágico a que o socialismo se reduziu, Tsipras saiu dos ecrans. Por estes dias teve um regresso fugaz porque voltou a vestir a pele do Tsipras que ia mudar a Europa. Ou seja fez mais do mesmo: disse que não ia ceder aos credores. E como é disso que os jornalistas gostam lá lhe deram uns segundos da velha fama.

Curiosamente pasmamos com as fotografias em que Estaline mandava apagar os opositores mas este processo de apagamento dos heróis mediáticos que acontece em plena democracia não parece suscitar qualquer perturbação. E contudo ele é revelador do fogo fátuo que enche boa parte daquilo a que chamamos notícias, reportagens e investigações. Um desejo para 2016? Quero o Tsipras de volta. Quero saber o que faz, o que decide, o que legisla. E de caminho quero saber onde param os postais autografados por Tsipras, que se vendiam a três euros cada, com que umas almas militantes se propunham juntar dinheiro para libertar a Grécia dos credores. Como não podia deixar de ser a iniciativa foi noticiada com alarido aqui, mais aqui, e aqui, também aqui e aqui… (é melhor ficar por aqui porque com tanto aqui o texto está a ficar cacofónico) e agora nada de nada.

As não notícias sobre Guantanamo. Quantas notícias tivemos sobre Guantanamo desde que Barak Obama foi eleito? E desde que foi reeleito? Dado o silêncio que impera sobre o assunto quase se é levado a pensar que Guantanamo fechou. O quase embargo sobre o assunto é quebrado de vez em quando por uns anúncios de que o presidente dos EUA está a ultimar um plano para fechar Guantanamo. Depois temos as inevitáveis conclusões de que Obama gostaria de fechar Guantanamo mas não pode. Porquê? Não se diz. Mas note-se que as mesmas fontes asseguram e asseguraram que o anterior presidente podia fechar Guantanamo mas não queria.

As notícias sobre os EUA e seus presidentes tornaram-se na versão mediática dos gatinhos no facebook: milhões de likes para os democratas, partilhas virais e ódios profundos para os republicanos. Informação quase nenhuma.

Opções que com um presidente não democrata e sobretudo não tão querido dos estúdios de cinema e de televisão quanto o é Barack Obama teriam gerado enorme controvérsia – a aposta cada vez mais forte na exploração dos gás de rocha – têm passado quase inadvertidas apesar de ambientalmente terem muito para questionar. E como entender essa espécie de regressão nas questões raciais em que de repente os EUA parecem ter caído? Reduzidos como estamos às notícias do tipo «EUA: polícia mata condutor negro» – se o condutor fosse branco ou asiático escrever-se-ia «EUA: polícia mata condutor branco»? – deixámos de questionar os efeitos reais daquilo a que se chamam medidas de combate à discriminação racial.

Divididos entre uma élite da qual Obama e a sua mulher fazem parte e uma maioria presa nos meandros do coitadismo, os negros norte-americanos são cada vez mais objectos de uma simplificação para não dizem infantilização nas notícias.

Mas tal como acontece com Guantanamo que era para fechar e não fechou custa muito escrever sobre as bolinhas de sabão que fizeram capa e abriram noticiários e depois se viram desfazer.





sábado, 2 de janeiro de 2016


Sete erros fatais do relativismo moral


Roger Morris




A consciência-percepção de moralidade
leva a Deus
tanto quanto a consciência-percepção
de queda de maçãs
leva à gravidade. (Roger Morris)



Roger Morris, do site Faithinterface, baseado no livro Relativism – Feet Firmly Planted in Mid-Air, de Francis Beckwith e Gregory Koukl, elaborou a lista que segue, com sete erros fatais do relativismo moral.

Francis Beckwith é professor e filósofo, especialista em política, direito, religião e ética aplicada. Gregory Koukl é apologista cristão, fundador da Stand To Reason, organização dedicada à defesa da concepção cristã do mundo.


O relativismo moral é um tipo de subjectivismo que sustenta que as verdades morais são preferências muito parecidas com os nossos gostos em relação aos gelados, por exemplo. O relativismo moral ensina que quando se trata de moral, do que é eticamente certo ou errado, as pessoas poderiam e deveriam fazer o quer que sintam ser o certo para elas. Verdades éticas dependeriam de indivíduos, grupos e culturas que as sustentam. Porque acreditam que a verdade ética é subjectiva, as palavras como devem ou deveriam não fariam sentido porque a moral de todo mundo é igual; ninguém poderia ter a pretensão de uma moral objectiva pertinente para os outros. O relativismo não exige um determinado padrão de comportamento para todas as pessoas em situações morais semelhantes. Quando confrontadas com exactamente a mesma situação ética, uma pessoa poderia escolher uma resposta, enquanto outra pode escolher o oposto. Não haveria regras universais de conduta que se apliquem a todos.

O relativismo moral, num sentido prático, é completamente inviável. Que tipo de mundo seria o nosso se o relativismo fosse verdade? Seria um mundo em que nada estaria errado — nada seria considerado mau ou bom, nada digno de louvor ou de acusação. A justiça e a equidade seriam conceitos sem sentido, não haveria responsabilização, não haveria possibilidade de melhoria moral, nem discurso moral. Um mundo em que não haveria tolerância. Este é o tipo de mundo que o relativismo moral produz. Vejamos os sete erros fatais do relativismo.

1. Os relativistas morais não podem acusar de má conduta a outras pessoas.

O relativismo torna impossível criticar o comportamento dos outros, porque, em última análise,nega a existência de algo como «má conduta». Se alguém acredita que a moralidade é uma questão de definição pessoal, então abdica da possibilidade de fazer juízos morais  objectivos sobre as acções dos outros, não importa quão ofensivas elas sejam para o seu senso intuitivo de certo ou errado. Isto significa que um relativista não pode racionalmente opor-se ao assassinato, ao estupro, ao abuso infantil, ao racismo, ao sexismo ou à destruição ambiental, caso essas acções estiverem em conformidade com o entendimento pessoal sobre o que está certo e é bom por parte de quem as pratica . Se o certo e o errado fossem uma questão de escolha pessoal, nós abdicaríamos do privilégio de fazer julgamentos morais sobre as acções dos outros. Ora, estando nós seguros de que algumas coisas são erradas e de que alguns julgamentos sobre a conduta de outros são justificados, é porque o relativismo é falso.

2. Os relativistas não podem queixar-se do mal.

A realidade do mal no mundo é uma das primeiras objecções levantadas contra a existência de Deus. Toda esta objecção se fundamenta na observação de que existe mal verdadeiro. Mas o mal objectivo não pode existir se os valores morais são relativos ao observador. O relativismo é inconsistente com o conceito de que o mal moral verdadeiro existe, porque nega que qualquer coisa possa ser objectivamente errada. Se não existe um padrão moral, então não poderá haver desvio do padrão. Assim, os relativistas devem abandonar o conceito de verdadeiro mal e, ironicamente, também abandonar o problema do mal como um argumento contra a existência de Deus.

3. Os relativistas não podem condenar ou elogiar ninguém.

O relativismo torna os conceitos de louvor e condenação sem sentido, porque nenhum padrão externo de medição define o que deve ser aplaudido ou condenado. Sem absolutos, em última análise, nada é mau, deplorável, trágico ou digno de condenação. Nem, em última análise, qualquer coisa é boa, honrada, nobre ou digna de louvor. Os relativistas são quase sempre inconsistentes nesse ponto, porque eles procuram evitar a condenação, mas prontamente aceitam elogios. Se a moralidade é uma ficção, então os relativistas também devem remover as palavras aprovação condenação do seu vocabulário. Mas se as noções de elogio e crítica são válidas, então o relativismo é falso.


4. Os relativistas não podem fazer acusações de parcialidade ou injustiça.

De acordo com o relativismo, as noções de equidade e justiça não fariam sentido porque ambos os conceitos determinam que as pessoas devem receber igualdade de tratamento baseada em normas externas. O relativismo acaba com qualquer noção de normas vinculativas externas. Justiça implica punir aqueles que são culpados de um delito. Mas, sob o relativismo, a culpa e a condenação não existem — se nada afinal for imoral, não poderá haver acusação e, portanto, nenhuma culpa poderá ser objecto de punição. Se o relativismo fosse verdadeiro, não haveria justiça ou equidade, porque ambos os conceitos dependem de um padrão objectivo do que é certo ou errado. Se, ao contrário, as noções de justiça e equidade fazem sentido, então o relativismo está errado.

5. Os relativistas não podem melhorar a sua moralidade.

Os relativistas poderão mudar os seus conceitos pessoais de ética, mas nunca poderão tornar-se melhores pessoas. De acordo com o relativismo, a ética de uma pessoa nunca pode tornar-se mais «moral». Os conceitos éticos e morais dos relativistas podem mudar, mas nunca podem melhorar, dado que não existe um padrão objectivo pelo qual se possa medir esse melhoramento. Ora, dado que o melhoramento moral é um conceito que faz sentido, então o relativismo é falso.

6. Os relativistas não conseguem manter discussões morais significativas.

O que se poderá discutir? Se a moral é totalmente relativa e todas as opiniões são iguais, então não haverá uma maneira de pensar melhor do que outra. Não haverá uma posição moral  que possa ser considerada como adequada ou deficiente, razoável, aceitável, ou até mesmo bárbara. Dado que as discussões éticas só fizerem sentido quando a moral é objectiva, então o relativismo só poderá ser vivido com coerência se os seus defensores ficarem em silêncio. Por esta razão, é raro encontrar um relativista racional e consistente, já que a maioria deles são rápidos a impor as suas próprias regras morais, como, por exemplo, «é errado impor a sua própria moralidade aos outros». Isto coloca os relativistas numa posição insustentável: se falam sobre questões morais, estão a abandonar o seu relativismo; se não falam, deixam cair a sua humanidade. A noção de discurso moral faz intuitivamente sentido e por isso o relativismo moral é falso.

7. Os relativistas não podem promover a obrigação de tolerância.

A obrigação moral relativista de ser tolerante é auto-refutante. Ironicamente, o princípio da tolerância é considerado uma das virtudes principais do relativismo. A moral seria individual — assim dizem eles — e, portanto, deveríamos tolerar os pontos de vista dos outros e não julgar os seus comportamentos e atitudes. Ora, se não existem regras morais objectivas, não pode haver nenhuma regra que exija a tolerância como um princípio moral que se aplique igualmente a todos. De facto, se não há absolutos morais, afinal porque terá de se ser tolerante? Os relativistas violam o seu próprio princípio de tolerância quando não conseguem tolerar as opiniões daqueles que acreditam em padrões objectivos morais. Portanto, eles são tão intolerantes quanto frequentemente acusam de sê-lo os que defendem a moral objectiva. O princípio de tolerância é na realidade estranho ao relativismo. Por outro lado, se essa tolerância parece ser uma virtude, então o relativismo é falso.

O relativismo moral está falido. Não é um verdadeiro sistema moral. É auto-refutante. E hipócrita. É logicamente inconsistente e irracional. É seriamente abalado por simples exemplos práticos. Torna ininteligível a moralidade. Nem é mesmo tolerante! O princípio de tolerância só faz sentido num mundo no qual existem absolutos morais, e apenas se um desses padrões absolutos de conduta for «Todas as pessoas devem respeitar os direitos dos outros que diferem em conduta ou opinião». A ética da tolerância pode ser racional apenas se a verdade moral for objectiva e absoluta, não subjectiva e relativa. A tolerância é um princípio «interno» do absolutismo moral, e é irracional em qualquer perspectiva do relativismo ético.

Ele tinha a sua própria «verdade» e a sua própria «moral».
 Poderão os relativistas condená-lo?





Cenas de Natal


Inês Teotónio Pereira, ionline, 2 de Janeiro de 2016

Já não deve faltar muito até chegarmos todos à conclusão de que afinal quem nasceu no dia 25 de Dezembro foi o Pai Natal. O resto são lendas…

Fui com os meus filhos a uma das dezenas de aldeias de Natal que hoje em dia fazem concorrência às rotundas que as câmaras tanto gostam de inaugurar ou às feiras medievais importadas de Espanha que durante o Verão fazem de nós todos parvos.


As aldeias de Natal são o novo fenómeno municipal e como eu não perco fenómenos, peguei na criançada e fui ver. Eu e mais milhares de famílias. Foi giro: vimos duendes, renas, fadas, mais uns duendes e uma fadas, uns palhaços e umas casinhas com neve a fingir no telhado, mais uns duendes e umas fadas, também vimos umas árvores de Natal, bonecos de neve, presentes embrulhados e mais renas. A coisa correu bem: não houve birras nem lutas. No fim ainda consegui negociar com os meus filhos e eles condescenderem não irmos para a fila tirar uma fotografia com o Pai Natal em troca de um bolo que comprei para cada um. Tivemos ainda a sorte de comer o bolo ao lado do Pai Natal que fugiu do seu cadeirão  e das criancinha para ir beber uma imperial e fumar um merecido cigarro. Por sorte calhou irmos todos ao mesmo café e os meus filhos ficaram embasbacados ao verem a facilidade com que ele desprendeu a barba para beber a cerveja num só trago. São estas as memórias que ficam.

No caminho de volta, vimos as mesmas coisas mas só então reparei que até havia guloseimas a ornamentar os pitorescos canteiros do jardim. Até que eu, uma beata, fanática, conservadora ou mesmo neoliberal, resolvi perguntar a um dos organizadores: «Olhe, desculpe, o presépio está onde?». O rapaz olhou para mim como se eu lhe  tivesse perguntado quem ganhou as eleições e atrapalhado respondeu: «Não há... São só coisas de Natal». Os meus filhos, que já estão na idade de terem vergonha dos pais, coraram, o rapaz também e eu constatei que os portugueses são de costumes tão brandos mas tão brandos que se ficaram pela brandura da bonecada e deixaram o Natal para os fundamentalistas religiosos.

Como estava com os meus filhos tive de fazer o papel de mãe e não pude deixar de exclamar indignada: «Incrível: isto é o mesmo que fazer uma festa de anos e não convidar o aniversariante!». Eles ficaram a olhar para mim. Continuei a insultar tudo e todos até que um deles disse: «Mas mãe, isto hoje em dia é mesmo assim: um amigo meu nem sequer sabe o que se festeja na Páscoa». Chateou-me o «hoje em dia», onde se podia ler «estás out, cota». Mas calei-me: contra factos não há argumentos e tendo em conta que a autarquia organizadora da aldeia representa os munícipes e para os munícipes o Natal é bonecada, está tudo bem. Ali quem estava desajustada era eu, concluí.

A verdade é que o Natal está fora de moda. Já não é moda ir à missa do Galo ou falar do nascimento de Jesus.  Um presépio no meio dos duendes fica objectivamente mal. A árvore de Natal substituiu o presépio e o Pai Natal o Menino Jesus. Já é com alguma dificuldade que apanhamos filmes épicos na televisão tipo Quo Vadis ou as Sandálias do Pescador e estamos apenas presos ao significado natalício televisivo pelos fios frágeis da Música no Coração ou do Sozinho em Casa. Hoje em dia Natal é neve, gelo e duendes. Já nem sequer é azeite Galo: é sushi. Sushi em família, vá.

Há países onde é proibido festejar o Natal ou ir à missa e onde se é morto por se ser um cristão; há outros onde é proibido enfeitar montras, montar iluminações ou decorar as ruas com qualquer coisa alusiva ao Natal para não «ofender» outras religiões.

Desconfio que por cá não vai ser preciso proibir nada, nós damos conta do recado sozinhos. Já não deve faltar muito até chegarmos todos à conclusão que afinal quem nasceu no dia 25 de Dezembro foi o Pai Natal.  O resto são lendas.